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LA POLICIA QUE QUEREMOS Y LA SOCIEDAD QUE TENEMOS

 



 

Por Máximo Martínez de la Cruz.

 

Algunos policías, han tenido una muy mala y grave actuación frente a ciudadanos y frente a la sociedad.

 

Este país, reprocha y condena enérgicamente suceso como este, ocurrido en la comunidad de Herrera, donde murió el Joven Darling Enmanuel Mercado Reyes, a manos del cabo policial, José Francisco Moreta Heredia, y que prontamente ha sido sometido a la justicia.

 

En el video subido a las redes, se observa que la actuación policial fue totalmente desproporcionada. La comunidad de Herrera protestó por el hecho lamentable, y además pedían la cancelación del coronel Arnaud, encargado de la zona, por esa y otras quejas. Este ha sido cancelado y colocado en puesto de inmediato a otro oficial. Por lo que se ha enviado un mensaje claro, pues nadie está por encima de la ley.

 

Y no están por encima de la ley, ni quienes portan el uniforme, ni quienes tienen la responsabilidad de dirigir.

 

Es muy positivo que no haya impunidad en este caso.

La pérdida de una vida humana es irreparable, pero la rapidez de estas medidas, es lo mínimo que la sociedad exige, para hacer justicia y para que no se repitan hechos de esta naturaleza.

Ahora bien, observamos con asombro algunos videos de hechos ocurridos en distintos lugares del país. Videos que son subidos a las redes sociales, donde se observan policías intentando realizar algunas actuaciones propias del uniforme gris, pero la repuesta de la ciudadanía, frente a la autoridad, es totalmente agresiva e intolerante, como si los agentes no tuvieran el derecho a intervenir e investigar cualquier situación que entiendan sospechosa.

 

Este grave suceso, coincide perfectamente con lo que venimos comentando desde hace un tiempo: el respeto a la autoridad es indispensable, pero solo se puede sostener, si la autoridad misma respeta la ley, la dignidad y la vida de los ciudadanos.

 

Casos como este nos duelen profundamente, pero también nos recuerdan que debemos seguir vigilantes, exigiendo justicia completa, seguimiento del proceso judicial y cambios profundos en la formación, la supervisión y el control interno de la Policía, para que el servicio a la comunidad sea siempre el único fin.

 

Hacemos un llamado desde esta pequeña tribuna, al pueblo y la sociedad en sentido general, para que, por el amor de Dios, se respetan las autoridades policiales, así como también, al policía se le debe dar la debida formación para que cuando salga a las calles, estos puedan dirigirse a la ciudadanía con un abordaje técnico policial, adecuado a su formación castrense y que como contraprestación la repuesta ciudadana sea la subordinación frente a esa autoridad representada en uniforme.

 

Claro está, debemos continuar exigiendo y denunciando los malos policías que son muchos, a pesar de la cuantiosa inversión del Estado para reformar de arriba a abajo la policía nacional.

 

El derecho de la Policía Nacional a realizar investigaciones, cateos o controles de legalidad es fundamental para el orden y la seguridad de todos. Cualquier persona, independientemente de su situación económica o el vehículo que conduzca, debe colaborar de manera respetuosa cuando la autoridad actúa dentro del marco de la ley. La agresividad o la negativa infundada a atender una indicación policial no resuelve nada, y además puede derivar en situaciones mucho más graves. El civismo y el diálogo son siempre el camino correcto.

 

Es igualmente cierto que el respeto es recíproco. La sociedad dominicana tiene todo el derecho y la obligación de denunciar con fuerza cualquier abuso, arbitrariedad, violencia o actuación ilegal por parte de los agentes. No se puede pedir respeto si no se ejerce la autoridad con respeto, apego a la ley y vocación de servicio. La reforma policial es una tarea pendiente que requiere seguimiento constante, rendición de cuentas y cambios profundos en la formación y el control interno.

 

Avanzar como país requiere exigir mejores instituciones y mejores agentes, al mismo tiempo que fomentamos una cultura de respeto y colaboración mutua. Es un trabajo de todos, sin dejar de lado ninguna de las dos partes.

 

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