Por el Lic.
Máximo Martínez de la Cruz
Alimentar a soldados en contiendas militares requiere
el suministro de toneladas de comida diaria, la cual debe ser enviada a las
bases y distribuida en el frente del conflicto. Estos suministros habitualmente
se transportan por vía aérea o se adquieren mediante abastos locales. Sin
embargo, enviarlo todo en avión desde El Salvador encarecería la misión de
forma exagerada, dado el espacio limitado en las aeronaves, las cuales
priorizan recursos esenciales como combustible, equipos médicos y pertrechos
militares de gran volumen.
El papel de la ONU en Haití no sigue el esquema
tradicional de los "cascos azules"; su misión básica es autorizar y
respaldar a las fuerzas internacionales que operan junto con las fuerzas de
seguridad de Haití. La organización es la principal responsable de brindar
apoyo logístico como raciones de comida, atención médica y transporte a través
de un sistema de abastecimiento centralizado. Se supone que la ONU debe
garantizar agua potable, medicinas y todo lo necesario directamente en los
campamentos base de cada regimiento nacional e internacional, evitando que los
contingentes tengan que salir a buscarlos por cuenta propia.
¿Entonces, qué falló? ¿Por qué
cuatro técnicos de aviación salvadoreños tuvieron que salir de su base al
mercado a comprar comida? ¿Por qué se envió a cuatro técnicos de aviación y no
a personal de infantería o combate? ¿Ha dejado la ONU a su suerte a estas
misiones internacionales antipandillas? ¿Por qué no se formó un convoy de
seguridad para el equipo salvadoreño que buscaba el suministro? ¿Se trató de
una novatada del contingente salvadoreño?
En teoría, los soldados no deberían salir de la base
para comprar provisiones, ya que no es una práctica militar estándar en zonas
de conflicto. Salir representó una solución improvisada ante una necesidad
inmediata que no estaba siendo cubierta desde el campamento.
¿Fueron más inteligentes y tácticos los jefes de las
pandillas que los salvadoreños? ¿Les estaban dando seguimiento hasta asestar el
golpe? Estas preguntas surgen debido a que ni el presidente de El Salvador,
Nayib Bukele, ni la ONU se han pronunciado formalmente y de forma detallada
ante la opinión pública.
Responsabilidades divididas: La ONU
asumió la responsabilidad total del apoyo logístico a las fuerzas de Supresión
de Pandillas. Funciona como el "aval político" y el "proveedor
de suministros", pero no como el general al mando: autoriza la misión,
fija las reglas y envía los insumos a las bases, pero no dirige el combate.
Cada país mantiene el control de sus propias tropas. Por lo tanto, que los
militares salvadoreños hayan tenido que salir a comprar comida sugiere una
falla grave en ese sistema de suministro que la ONU deberá aclara como
garantías de todas las estaciones militares.
Por otro lado, el presidente Bukele sugirió que no
había comida en la base, lo que obligó al personal a salir. Si a la ONU le
correspondía garantizarles los suministros de las raciones necesarias y no lo hizo,
entonces estaríamos frente a unos problemas gravísimos de fallas sistémicas de
la operatividad de las misiones internacionales. No obstante, enviar a cuatro
técnicos de aviación en un vehículo sin acompañamiento ni protección de
contingencia a un mercado local constituyó una infracción flagrante a los
protocolos de seguridad militar.
Conclusión: ¿Torpeza de novatos o
falla del sistema? Todavía no está comprobado si se trató de una falla de
la ONU o de una torpeza exclusiva de la misión salvadoreña.
Sabemos que salir a comprar
alimentos en una zona de conflicto no debió ocurrir bajo ningunas circunstancias.
Aunque la ONU tiene el mandato de entregar suministros y transportarlos hasta
las bases, no existen evidencias públicas concluyentes de porqué dicha entrega
haya fallado en este caso en particular.
Si faltaban suministros, y la ONU tuvo alguna
dificultad momentánea para proveerlos, la solución adecuada no era enviar a
cuatro personas desprotegidas al mercado local, sino activar los canales de la
misión salvadoreña para organizar un convoy protegido y acompañado de otros
vehículos blindados para resolver la situación.
Hasta que no se realice una investigación
independiente, la responsabilidad permanece en un limbo. La ONU se ha limitado
a condenar la acción de los pandilleros y a exigir la liberación con vida de
los militares, sin explicar por qué la misión salvadoreña se quedó sin alimentos,
ni por qué no se abasteció a tiempo.
Si un contingente no recibe lo que necesita, debió
reportarlo al mando y esperar una solución segura en lugar de improvisar una
situación tan riesgosa como esa; si el canal de reporte falló, la
responsabilidad es compartida.

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