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¿POR QUÉ DUERME REPÚBLICA DOMINICANA?




Por Randy Emilio de la Cruz


En la 42.ª Asamblea General de las Naciones Unidas, el entonces presidente de Estados Unidos, Ronald Reagan, para septiembre del 1987,  pronunció una idea que, aunque suene lejana, explica perfectamente un comportamiento común de los pueblos:


“I occasionally think how quickly our differences worldwide would vanish if we were facing an alien threat from outside this world.”


“A veces pienso qué tan rápido desaparecerían nuestras diferencias en todo el mundo si enfrentáramos una amenaza extraterrestre desde fuera de este planeta.”


Esa frase no es fantasía.


Cuando un pueblo reconoce un enemigo externo, deja de lado sus diferencias. Sacrifica comodidad, sacrifica estabilidad, sacrifica incluso libertades… con tal de defender lo que es suyo.


Eso es lo importante:

El sacrificio no nace del odio, nace del instinto de supervivencia.


Y ahí es donde entra República Dominicana.


Hoy, gran parte del pueblo dominicano siente que existe una presión externa real. No es una teoría abstracta. Es algo que, para muchos, ya impacta la seguridad, los servicios públicos y la vida cotidiana.


Por eso el debate ha dejado de ser superficial.


Porque cuando la gente percibe amenaza, cambia la mentalidad.

Se vuelve más firme. Más radical. Más dispuesta a hacer cosas que antes no consideraba.


No porque quiera…

sino porque siente que no tiene otra opción.


Ahora bien, frente a esa realidad, surge una segunda pregunta inevitable:


¿Por qué quienes gobiernan no actúan con la misma urgencia?


Aquí entra la reflexión del vicepresidente de Estados Unidos, J. D. Vance, en una entrevista con Tucker Carlson:


Los ciudadanos tienden a ver a sus gobernantes que fallan como “malvados” o como “incompetentes”.


En ese escenario, el análisis es claro:


Si fueran malvados, el problema sería distinto. Bastaría con quitarlos y sustituirlos. Tal vez habría resistencia, pero eventualmente perderían.


Pero si son incompetentes, entonces estamos ante algo más profundo:

un Estado que no entiende lo que está pasando… o que no sabe cómo responder.


Y eso es aún más grave.


Porque nos obliga a mirarnos hacia dentro y preguntarnos:

¿Qué tipo de sociedad estamos construyendo, si elegimos a quienes no están preparados para gobernar?


Mientras tanto, hay hechos que ya no se pueden ignorar.


En República Dominicana, hablar de criminalidad, presión sobre hospitales, educación o servicios públicos inevitablemente toca un punto en común en el debate público: la presencia de población extranjera en condiciones irregulares.


No es un tema aislado.

No es un caso puntual.

Es un patrón que se repite en distintas áreas.


Y aun así, se intenta evitar la conversación.

Se suaviza. Se desvía. Se disfraza.


Pero ignorarlo no lo elimina.

Lo acumula.


Y cuando los problemas se acumulan sin respuesta, dejan de ser problemas…

y se convierten en crisis.


Aquí es donde la historia deja de ser teoría y se vuelve un síntoma que debemos revisar con urgencia.


El título de este artículo está inspirado en Why England Slept, de John F. Kennedy, donde se analiza por qué una nación vio crecer una amenaza sin reaccionar a tiempo.


No fue falta de información.

No fue sorpresa.


Fue lentitud.

Fue negación.

Fue creer que aún había tiempo.


Y cuando finalmente reaccionaron, ya era demasiado tarde.


Por eso la pregunta no es retórica:


¿Por qué duerme República Dominicana?


¿Por qué, si una parte del pueblo siente presión, el Estado responde con calma?

¿Por qué, si los problemas se repiten, las soluciones no aparecen con la misma rapidez?

¿Por qué se sigue tratando como opcional lo que muchos ya sienten como urgente?


Porque hay algo claro:


Si la población siente que hay una amenaza, va a actuar como si la hubiera.

Con o sin el Estado.


Y ahí es donde está el verdadero peligro.


No en el conflicto.

No en la presión.


Sino en la desconexión entre el pueblo y quienes lo gobiernan.


República Dominicana será para siempre.


Pero no debemos esperar a que algo más pase…

para empezar a actuar.

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